Seguir viviendo los frutos del Espíritu

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“El fruto del espíritu es: amor, gozo, paz, paciencia, bondad, generosidad, fidelidad, mansedumbre y templanza”. (Ga 5, 22-23)

Profundicemos en tres frutos más del Espíritu Santo y reflexionemos sobre cómo podemos vivir los frutos de la fidelidad, la paz y la paciencia. Aunque nuestro objetivo es ayudar a nuestros hijos a crecer en estas virtudes, nos ayudarán a todos a crecer en santidad.

Fidelidad: Esta es la capacidad de ser fiable, leal y digno de confianza en nuestras relaciones con Dios y los demás. Este es el fruto que nos ayuda a hacer los sacrificios que necesitamos para servir a los demás y ser una persona con la que todos puedan contar. Comience compartiendo historias de la fidelidad de Dios, como el Diluvio, Abraham y Sara, el Éxodo o Rut y Noemí. Practique este fruto haciendo promesas simples cada semana y responsabilizándose mutuamente por ser fieles a ellas. Note cuando las personas en su familia anteponen las necesidades de otra persona a las propias. Desarrolle hábitos diarios y confiables de oración y devoción para reforzar la fidelidad de su familia a Dios. Durante la cena o al conducir, hable sobre los momentos o eventos de su día en los que notó la fidelidad de Dios hacia usted y su familia.

Paz: Cada vez que vamos a Misa, se nos recuerda que la paz es un regalo de Dios para nosotros y que nos invita a compartirla con los demás. La paz no es simplemente la ausencia de caos, sino la capacidad de volverse a Dios en momentos de preocupación, lucha o conflicto. Al igual que los otros frutos del Espíritu, es un don dado por Dios, no algo que necesitemos fabricar. El primer paso para una vida más pacífica es simplemente pedir una efusión de paz. A medida que nuestro mundo se vuelve más ajetreado y ruidoso, se vuelve más crucial ayudar a nuestros hijos a practicar esta fruta. La paz viene con la quietud y el silencio, así que apague el ruido y disfrute de un poco de tranquilidad todos los días. Participar en pasatiempos como la pintura, escritura, armado de rompecabezas o caminatas lentas en la naturaleza puede ayudar a los niños a experimentar la diferencia que puede traer la paz. El conflicto entre hermanos es un escenario excelente para poner en práctica las conversaciones y acciones pacíficas. Ayudar a los niños a aprender a hablar sobre un conflicto o a tomarse un momento de tranquilidad para orar y pensar antes de lanzarse a resolverlo fomenta la armonía. Ejemplificar la paz es esencial, así que asegúrese de tomarse el tiempo para reducir la velocidad, calmarse y pedirle al Padre que lo bendiga con su paz para que pueda compartirla con los demás.

Paciencia: Somos una sociedad “a la carta”, y no esperamos bien. Aunque la tecnología de hoy permite que los niños tengan acceso instantáneo a tantas cosas, Dios obra a su debido tiempo. Esperar el tiempo y plan del Padre exige paciencia, ¡así que practicar este fruto del Espíritu tiene un beneficio eterno seguro! Las Escrituras son un buen lugar para comenzar, porque están llenas de historias de personas fieles que esperaron al Señor. Forjar la paciencia en voz alta también es útil.


Sheri Wohlfert es maestra de escuela católica, oradora, escritora y fundadora de Joyful Words Ministries. Sheri bloguea en www.joyfulwords.org.