Abrazar la misión de Cuaresma

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La Cuaresma es un tiempo de reflexión, arrepentimiento y oración. Las palabras del profeta Joel al pueblo de Israel más de 400 años antes del nacimiento de Cristo siguen siendo aplicables a nosotros hoy:

“Pero aún ahora –oráculo del Señor– vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor, su Dios, porque él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en fidelidad, y se arrepiente de tus amenazas. ¡Quién sabe si él no se volverá atrás y se arrepentirá, y dejará detrás de sí una bendición…!” (Jl 2, 12-14)

La Cuaresma es un tiempo de conversión, un tiempo para cambiar nuestros caminos. Cuando nos volvemos al Señor de todo corazón, adquirimos la capacidad y la mentalidad para buscar todas las cosas buenas que Dios quiere darnos cada día.

La Cuaresma es un tiempo penitencial que nos ofrece la oportunidad de reflexionar y arrepentirnos. Es una oportunidad para crecer en santidad. Estos 40 días son, en muchos sentidos, un puro regalo. Se nos da el tiempo para derramar nuestros corazones a Dios y eliminar cualquier distracción que nos aleje de él.

La Cuaresma se percibe a menudo como una época para retomar los propósitos de Año Nuevo. Es el momento de renunciar a los dulces, dejar de tomar café, leer un libro nuevo o ir al gimnasio varias veces a la semana. Aunque todos estos propósitos son admirables, estas acciones por sí solas no nos permiten cumplir plenamente la misión de la Cuaresma. Volviendo a las palabras del profeta Joel -desgarrarnos el corazón y no las vestiduras-, un aspecto de nuestra misión es hacer sacrificios que no sean vistosos, sabiendo que nuestro Dios los verá.

Pida fuerza

De este modo, abrazamos la misión y el propósito de la Cuaresma: Rezamos, ayunamos y damos limosna.

Cuando hablamos con Dios en la oración, estamos fomentando la relación que él tanto desea tener con nosotros. Orar durante la Cuaresma también significa pedir a Dios los dones del Espíritu Santo – pedir la fuerza y el valor para ser como Jesús fue y hacer como Jesús hizo.

El ayuno de comida y bebida nos fortalece como discípulos; además, nos recuerda cuando el Espíritu Santo llevó a Jesús al desierto, donde ayunó y oró durante 40 días. De la misma manera, Jesús oró a su Padre en soledad durante esos 40 días. Intentemos soltar nuestro apego a los deseos mundanos y a las distracciones durante este tiempo para poder escuchar la voz del Padre que nos llama.

Esté presente para alguien

Una característica de la Cuaresma que a veces se pasa por alto es la limosna, y esta es más sencilla de lo que se piensa. Significa ser caritativo. Dios no nos pide que demos lo que no tenemos; la caridad no siempre significa dar dinero o comida. La limosna puede significar dar de tu tiempo o simplemente estar presente para alguien. El Miércoles de Ceniza del año pasado, el Papa Francisco dijo: "La limosna no es un gesto apresurado que se realiza para tranquilizar nuestra conciencia, para compensar nuestro desequilibrio interior; más bien, es una manera de tocar los sufrimientos de los pobres con nuestras propias manos y nuestro corazón".

Todos conocemos a alguien a quien le vendría bien una mano amiga, un hombro sobre el cual llorar o incluso simplemente un amigo. La limosna puede ser precisamente eso: estar presente para alguien que puede necesitar ver a Dios en otra persona.

En este tiempo de Cuaresma, esforcémonos por ser más amables, cariñosos e indulgentes. Asimismo, recemos para tener tanto la fuerza como fortaleza de dar más de nosotros mismos a Dios y a los demás.


Isabella Pardino es licenciada por la Facultad de Teología y Ciencias Religiosas de la Universidad Católica de América, y actualmente cursa estudios de posgrado en la Columbia University School of Nursing.