Objectivos Generales de Juan XXIII

Para el cumplimiento de esta Misión, el Movimiento Juan XXIII tiene una mística propia, un carisma, un don que el Señor le ha confiado, una espiritualidad de autentico servicio, enmarcada en el Amor, la Entrega y el Sacrificio y expresada en una opción de vida: “Con Cristo Todo, Sin Cristo Nada”. 

  • Llamar a la conversión a las personas que están alejadas o al margen de la Iglesia. Crear un clima pastoral para que las acciones organizadas logren que los llamados cambien su conducta de vida y hagan una opción por Jesucristo.
  • Fomentar la máxima formación integral de sus miembros mediante la oración, los sacramentos, los estudios catequéticos y teológicos y el apostolado individual y en equipo, como un camino de conversión hacia la común vocación a la santidad.
  • Procurar que los miembros del movimiento vivan su compromiso bautismal sembrando en todos y en cada uno de ellos que es Iglesia, motivando la participación de su realidad y necesidades con una total entrega de servicio en comunión con la Iglesia local y sus Pastores.
  • Procurar la participación del Movimiento Juan XXIII en la actividades y pastorales diocesanas en coordinación con el Ordinario del Lugar y sus representantes.
  • Procurar la incorporación activa de sus miembros en sus parroquias para que participen en aquello en que puedan ser útiles según sus carismas y en coordinación con los sacerdotes

El retiro Juan XXIII es una experiencia de conversión de tres días que invita a un encuentro personal con Jesucristo. Quienes participen en el retiro son acompañados posteriormente a través de encuentros semanales de formación y catequesis a nivel parroquial, con el propósito de fortalecer su vida de fe y si integración en la comunidad. 

Como parte de este acompañamiento, el Movimiento colabora pastoralmente orientado a las personas en su proceso sacramental y en su caminar dentro de la Iglesia.

En noviembre de 2025, representantes del Movimiento Juan XXIII sostuvieron un encuentro con el Obispo de Raleigh y el Canciller Diocesano, como signo de diálogo y comunión eclesial. Este encuentro reafirmó la presencia y el servicio del Movimiento en la vida diocesana y parroquial.